Trabajadores mexicanos frente a una gráfica sobre salarios y utilidades empresarialesLa participación de las remuneraciones de los asalariados en el PIB mexicano aumentó durante el primer trimestre de 2026.

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) reportó el 28 de agosto de 2026 que las remuneraciones de los asalariados representaron 30.8% del Producto Interno Bruto (PIB) de México durante el primer trimestre del año, mientras que el excedente bruto de operación —la medida de las ganancias generadas por las empresas— equivalió a 39.4% de la economía nacional. El dato corresponde a las Cuentas por Sectores Institucionales Trimestrales y muestra un cambio en la distribución del ingreso registrado en México entre enero y marzo de 2026.

La participación de los salarios en el PIB de México aumentó 1.7 puntos porcentuales frente al primer trimestre de 2025, cuando se ubicó en 29.1%. En comparación con el mismo periodo de 2018, el avance es de 4.1 puntos: pasó de 26.7 a 30.8%. En sentido contrario, el excedente bruto de operación cayó 1.7 puntos en un año y acumula una reducción de 7.3 puntos desde 2018, cuando representaba 46.7% del PIB.

En breve

  • Los salarios representaron 30.8% del PIB en el primer trimestre de 2026, frente a 26.7% en el mismo periodo de 2018.
  • El excedente bruto de operación fue equivalente a 39.4% del PIB, por debajo de 41.1% en el primer trimestre de 2025 y de 46.7% en 2018.
  • El aumento de la participación salarial no implica por sí mismo que todos los ingresos laborales hayan crecido por encima de la inflación o que se trate de empleos formales.

Qué mide realmente el dato del INEGI

La estadística no compara el sueldo promedio de cada persona trabajadora. Mide cómo se reparte, desde el enfoque del ingreso, el valor generado por la economía en un periodo determinado. Por eso, una mayor participación de las remuneraciones puede ocurrir por varias razones: aumentos salariales, más puestos subordinados y remunerados, cambios en la composición sectorial del empleo, modificaciones en los precios relativos o una reducción más rápida de las ganancias empresariales.

En el primer trimestre de 2026, el PIB nominal ascendió a 35.5 billones de pesos. De ese total, alrededor de 10.9 billones correspondieron a remuneraciones de asalariados y 14 billones al excedente bruto de operación, de acuerdo con el reporte retomado por La Jornada.

El resto se distribuyó entre el ingreso mixto bruto, con 21.3% del PIB, y los impuestos sobre la producción y las importaciones netos de subsidios. El ingreso mixto es relevante porque combina el pago por el trabajo de quienes laboran por cuenta propia con el rendimiento del capital de negocios familiares o no constituidos como sociedades. En otras palabras, no todo ingreso de los hogares aparece dentro de la categoría de salarios.

Los hogares ganan peso, pero no todos de la misma manera

Las cuentas del INEGI también indican que los hogares generaron 35% del PIB durante el primer trimestre de 2026, 0.6 puntos más que un año antes. Las sociedades no financieras aportaron 43.5%, aunque su participación disminuyó 1.5 puntos; las sociedades financieras representaron 5.2%, el gobierno 8.2% y las instituciones sin fines de lucro al servicio de los hogares 0.8%.

Estas cifras describen la contribución de cada sector institucional a la generación del producto, no la cantidad de dinero que recibió cada familia. Un hogar puede obtener ingresos por salario, trabajo independiente, rentas, intereses o transferencias. Por eso, el aumento de la masa salarial nacional puede coexistir con diferencias importantes entre regiones, ocupaciones, niveles educativos y tipos de contrato.

Los datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo ayudan a poner ese avance en perspectiva. Durante el primer trimestre de 2026, México registró 59.6 millones de personas ocupadas, 552 mil más que un año antes. Sin embargo, 54.8% de la población ocupada se encontraba en la informalidad laboral. La proporción fue mayor entre las mujeres, con 55.3%, que entre los hombres, con 54.4%.

Además, 47% de la población ocupada percibió hasta un salario mínimo y 30.8% recibió más de uno y hasta dos salarios mínimos, con base en el salario mínimo equivalente de enero de 2026. La ENOE también reportó que 38.8% de las personas ocupadas se encontraba en condiciones críticas de ocupación, indicador que combina jornadas insuficientes o excesivas con ingresos bajos.

El crecimiento del empleo tampoco se concentró únicamente en grandes compañías. En el ámbito no agropecuario, que reunió a 50.3 millones de personas, 24.5 millones trabajaban en micronegocios. Entre el primer trimestre de 2025 y el mismo periodo de 2026, la ocupación en micronegocios aumentó en 713 mil personas, mientras que en establecimientos medianos creció en 410 mil.

La productividad pone un límite a la lectura optimista

Otro elemento importante es la productividad. El INEGI informó que el Índice Global de Productividad Laboral de la Economía, medido con base en las horas trabajadas, registró una variación anual de apenas 0.1% en el primer trimestre de 2026. El comportamiento fue desigual: la productividad de las actividades primarias aumentó 1.2%, la de las terciarias avanzó 0.7% y la de las secundarias disminuyó 1.2%.

Por sectores, la productividad laboral creció 3.2% en las industrias manufactureras, 4.5% en el comercio al por mayor y 2.7% en el comercio al por menor. En la construcción aumentó 2.2%, mientras que en los servicios privados no financieros prácticamente no cambió, con un avance de 0.1%.

La comparación sugiere que el mayor peso de los salarios no puede explicarse únicamente por una economía que produce mucho más por cada hora trabajada. En el conjunto de la economía, la productividad permaneció casi sin cambios, mientras el empleo y las remuneraciones nominales ganaron participación. Esto puede reflejar una recomposición de la distribución del ingreso, pero también presiones de costos para las empresas o una menor proporción del excedente que queda después de pagar el trabajo.

Qué significa para trabajadores y empresas

Para los trabajadores, el dato es relevante porque confirma que la masa de remuneraciones tiene hoy un papel mayor dentro del ingreso generado por el país que hace ocho años. También coincide con una etapa de aumentos al salario mínimo y con una mayor presencia de puestos subordinados y remunerados en la ocupación total.

Pero el indicador no permite concluir que todos los asalariados hayan mejorado por igual. La informalidad sigue cubriendo a más de la mitad de las personas ocupadas y una proporción elevada se concentra en los rangos salariales más bajos. La diferencia entre un aumento nominal y un incremento real —descontando inflación— también es decisiva para saber si mejoró el poder adquisitivo.

Para las empresas, la caída del excedente bruto de operación tampoco equivale automáticamente a una reducción idéntica de las utilidades netas. Se trata de un agregado de cuentas nacionales que incluye el excedente generado por las unidades productivas antes de considerar diversos pagos, transferencias, intereses, impuestos sobre la renta y otros componentes financieros. Es una medida amplia de la distribución del ingreso, no un estado contable de las compañías.

El reto para México es convertir el avance de la participación salarial en mejores ingresos reales, empleos con seguridad social y aumentos sostenidos de productividad. Sin esa combinación, los porcentajes pueden mejorar en las cuentas nacionales mientras persisten grandes diferencias entre quienes tienen un empleo formal y quienes dependen de actividades informales o de pequeños negocios familiares.

Fuentes consultadas

Por Editor

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