Mapa de México que representa las brechas territoriales en el acceso a alimentosLos resultados de la EIC 2025 muestran diferencias importantes en el acceso a alimentos entre entidades y tipos de hogar.

La Encuesta Intercensal 2025 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) reveló que 6.5% de los hogares en México, alrededor de 2.59 millones, experimentó durante los tres meses previos a la entrevista alguna limitación para acceder a alimentos por falta de dinero o recursos. El levantamiento se realizó del 6 de octubre al 14 de noviembre de 2025 en viviendas de todo el país, y sus primeros resultados fueron presentados el 22 de septiembre de 2026. Las mayores proporciones se registraron en Tabasco, Oaxaca y Campeche. ([jornada.com.mx](https://www.jornada.com.mx/2026/09/27/economia/015n1eco))

El dato nacional resume una realidad que no se distribuye de manera uniforme. En Tabasco, 15.32% de los hogares reportó esta carencia; en Oaxaca, 10.13%, y en Campeche, 9.94%. La distancia entre Tabasco y el promedio nacional es de 8.78 puntos porcentuales, una diferencia que impide tratar la inseguridad alimentaria como un problema idéntico en todas las entidades. ([jornada.com.mx](https://www.jornada.com.mx/2026/09/27/economia/015n1eco))

En breve

  • 6.5% de los hogares mexicanos reportó restricciones para acceder a alimentos por falta de dinero o recursos.
  • Tabasco, Oaxaca y Campeche concentraron las proporciones estatales más elevadas, con 15.32%, 10.13% y 9.94%, respectivamente.
  • En hogares con menores, las restricciones se reflejaron en menor variedad, porciones reducidas y episodios de hambre.

Qué midió la Encuesta Intercensal

La EIC 2025 no fue una encuesta especializada exclusivamente en nutrición. Su objetivo principal fue actualizar la información demográfica, social y económica del país a mitad del periodo entre el Censo de Población y Vivienda 2020 y el próximo ejercicio censal. Sin embargo, el cuestionario incorporó cinco preguntas sobre alimentación a nivel de vivienda, además de variables sobre ingresos, características económicas, servicios, etnicidad, educación, salud y composición de los hogares.

El operativo visitó poco más de siete millones de viviendas particulares habitadas y contó con la participación de más de 44 mil entrevistadoras y entrevistadores. El INEGI señala que los resultados pueden utilizarse para la planeación y evaluación de políticas públicas en los ámbitos federal, estatal y municipal, con información desagregada incluso a escala municipal. ([inegi.org.mx](https://www.inegi.org.mx/programas/eic/2025/default.html?utm_source=openai))

Por eso, el hallazgo sobre alimentación tiene un valor adicional: permite vincular la experiencia de los hogares con el territorio donde viven. La encuesta no sólo pregunta si hubo dificultades para conseguir comida, sino que permite observar esa respuesta junto con la presencia de menores, las condiciones económicas, la ruralidad y otras características de la vivienda.

El problema no termina en comprar menos

La inseguridad alimentaria puede aparecer antes de que un hogar llegue a quedarse completamente sin comida. En los hogares con alguna limitación por falta de recursos y con presencia de menores, 55.4% reportó una alimentación basada en poca variedad; 37.73% señaló que algún niño o adolescente comió menos de lo que debía, y 36.91% indicó que a un menor se le tuvo que servir menos comida.

Los episodios más severos también quedaron registrados. En 19.9% de esos hogares, alguna persona menor de edad sintió hambre pero no comió; 19.2% reportó que un menor se acostó con hambre, y 17.4% indicó que comió sólo una vez al día o dejó de ingerir alimentos durante una jornada. Estas cifras muestran que el acceso a los alimentos no debe evaluarse únicamente por la disponibilidad de calorías, sino también por la calidad, la variedad y la suficiencia de las porciones. ([jornada.com.mx](https://www.jornada.com.mx/2026/09/27/economia/015n1eco))

Entre los hogares con personas adultas también se identificaron señales de deterioro en la dieta. El INEGI reportó que 16% tenía una alimentación basada en muy poca variedad, 11.5% comió menos de lo que consideraba necesario y 7.1% dejó de desayunar, comer o cenar por falta de recursos. La combinación de estos indicadores ayuda a distinguir entre una compra ocasionalmente restringida y una situación que modifica de manera recurrente las decisiones alimentarias de la familia.

Por qué el sureste requiere una lectura territorial

Tabasco, Oaxaca y Campeche comparten el hecho de ubicarse entre las entidades con mayores proporciones de hogares afectados, pero no son territorios idénticos. Dentro de cada estado hay diferencias entre zonas urbanas y rurales, municipios con distinta conectividad, comunidades indígenas y regiones con diferentes costos de transporte y disponibilidad de alimentos.

En localidades apartadas, el precio final de una canasta básica puede incorporar gastos de traslado y una oferta más limitada. En zonas agrícolas, una sequía, una inundación o la pérdida de cosechas de autoconsumo puede afectar simultáneamente los ingresos y la disponibilidad de alimentos. La propia información difundida sobre la EIC vincula la vulnerabilidad con comunidades campesinas y pueblos originarios, además de señalar que la falta de agua y las condiciones climáticas pueden aumentar el riesgo en áreas productoras. ([jornada.com.mx](https://www.jornada.com.mx/2026/09/27/economia/015n1eco))

Esto no significa que la entidad de residencia explique por sí sola la inseguridad alimentaria. El dato estatal funciona como una señal para localizar prioridades, pero debe complementarse con información municipal sobre ingresos laborales, empleo informal, distancias a mercados, presencia de menores y cobertura de servicios. Dos hogares situados en el mismo estado pueden enfrentar riesgos muy distintos.

La agenda que dejan los nuevos datos

El principal reto para la política pública es pasar de una respuesta uniforme a una estrategia diferenciada. La primera tarea consiste en construir un mapa operativo que cruce los resultados de alimentación de la EIC 2025 con pobreza, ingresos, ruralidad, población indígena, infraestructura carretera y disponibilidad de comercios y mercados.

La segunda es revisar si los programas alimentarios y las transferencias llegan con suficiente intensidad a los hogares que enfrentan las restricciones más graves. Una transferencia monetaria puede ayudar a sostener el consumo, pero no sustituye una red de abasto cuando los alimentos frescos son escasos o demasiado caros. Del mismo modo, un comedor escolar puede ser decisivo para niñas y niños, pero su cobertura no resuelve por sí sola la alimentación del resto del hogar.

También se requiere evaluar la continuidad presupuestaria. Los resultados de la EIC ofrecen una línea de referencia para saber dónde aumentan o disminuyen las carencias, pero la utilidad del diagnóstico dependerá de que las autoridades publiquen metas territoriales, padrones verificables y evaluaciones de impacto. La pregunta ya no es sólo cuántos hogares tienen problemas para acceder a alimentos, sino qué intervención funciona en cada contexto.

Para los gobiernos estatales y municipales, la información abre una oportunidad de coordinación. Las acciones pueden incluir apoyos temporales en periodos de alza de precios, fortalecimiento de mercados locales, compras públicas a productores regionales, transporte para comunidades aisladas y seguimiento nutricional de menores. En los territorios con mayores porcentajes, la respuesta debería priorizar la prevención de episodios de hambre y no únicamente la atención cuando la carencia ya se volvió extrema.

Un dato nacional que exige decisiones locales

La cifra de 6.5% permite dimensionar el problema a escala nacional, pero las diferencias entre entidades muestran dónde la presión es mayor y dónde las políticas deben adaptarse. La EIC 2025 aporta una fotografía amplia de los hogares mexicanos; convertirla en una agenda efectiva exigirá combinarla con datos de ingresos, precios, clima, producción, servicios y cobertura de programas.

La inseguridad alimentaria en México no es una condición homogénea ni se reduce a la falta de alimentos en el mercado. También refleja la capacidad desigual de las familias para comprarlos, prepararlos y mantener una dieta suficiente y variada. El siguiente paso consiste en que los datos intercensales se traduzcan en decisiones concretas para los municipios y hogares que aparecen con mayor vulnerabilidad.

Fuentes consultadas

Por Editor

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