Estudiantes mexicanos de secundaria realizan actividades de matemáticas y lectura en un salón de clasesLos resultados de PISA 2025 muestran rezagos en aprendizajes fundamentales entre estudiantes mexicanos de 15 años.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) publicó el martes 8 de septiembre de 2026 los resultados de PISA 2025, una evaluación aplicada a estudiantes de 15 años en 91 países y economías. En México, 7 mil 843 alumnos de 297 escuelas participaron en la prueba, cuyos resultados representan a cerca de 1.58 millones de jóvenes escolarizados; el país obtuvo 388 puntos en matemáticas, 408 en lectura y 414 en ciencias, por debajo de los promedios de la OCDE en las tres áreas.

El dato más visible es el retroceso frente a 2022 en matemáticas. En lectura, el puntaje numérico también bajó, de acuerdo con las series difundidas tras la publicación, pero la OCDE clasifica el cambio mexicano como estadísticamente similar al de 2022. Ciencias, el dominio principal de esta edición, se mantuvo estable en términos estadísticos. Esa precisión importa: PISA 2025 no describe una caída uniforme en todas las materias, sino un problema persistente de aprendizajes básicos, con un deterioro especialmente claro en matemáticas.

En breve

  • México obtuvo 388 puntos en matemáticas, 408 en lectura y 414 en ciencias; los promedios de la OCDE fueron 463, 461 y 482, respectivamente.
  • Sólo 30% de los estudiantes mexicanos alcanzó al menos el nivel 2 en matemáticas y alrededor de la mitad lo hizo en lectura y ciencias.
  • La desigualdad educativa no desaparece con la expansión de la matrícula: el nivel socioeconómico explica 12% de la variación en ciencias y los hombres superaron a las mujeres en matemáticas, mientras ellas obtuvieron mejores resultados en lectura.

Más que un lugar en la tabla

PISA no funciona como un examen escolar nacional ni como una medición directa de la calidad de cada plantel. Evalúa qué pueden hacer los jóvenes con lo aprendido: interpretar información, resolver problemas, analizar evidencia y aplicar conocimientos en situaciones nuevas. Por eso, el resultado tiene implicaciones que van más allá del ranking.

En matemáticas, 30% de los estudiantes mexicanos llegó al nivel 2 o superior, frente a 65% en el promedio de la OCDE. Ese nivel representa apenas la capacidad de reconocer cómo puede expresarse matemáticamente una situación sencilla, como comparar rutas o convertir precios. En el extremo contrario, casi ningún estudiante mexicano alcanzó los niveles 5 o 6, donde se requiere modelar problemas complejos y evaluar distintas estrategias.

En lectura, cerca de la mitad de los estudiantes alcanzó el nivel 2 o superior, contra 69% en la OCDE. El umbral básico implica identificar la idea principal de un texto de extensión moderada, localizar información explícita y reflexionar sobre la forma o el propósito del contenido cuando existe una guía clara. Los desempeños más altos, que en México fueron excepcionales, requieren comprender textos largos, distinguir hechos de opiniones y hacer inferencias a partir de información implícita.

En ciencias, 50% de los alumnos alcanzó el nivel 2 o superior, frente a 74% en la OCDE. Aunque el resultado mexicano fue de 414 puntos, la materia se ha mantenido relativamente estable desde que el país comenzó a participar en PISA en 2000. El problema, por tanto, no es sólo cuánto se movió el promedio en una edición, sino cuántos jóvenes se encuentran por debajo de la base necesaria para seguir aprendiendo con autonomía.

Veinticinco años de avances incompletos

México participa en PISA desde el año 2000. La trayectoria revela avances parciales y retrocesos acumulados. En lectura, los 408 puntos de 2025 se ubican por debajo de los 422 obtenidos en la primera participación del país. En matemáticas, los 388 puntos son apenas superiores a los 385 de 2003 y están lejos del máximo de 419 registrado en 2009. Ciencias es la única de las tres áreas que se mantiene ligeramente por encima de su punto de referencia comparable de 2006, aunque sin una mejora estadísticamente sólida.

La comparación de largo plazo debe hacerse con cautela. La propia OCDE advierte que la expansión de la educación secundaria modificó quiénes llegan a los 15 años escolarizados y, por tanto, quiénes forman parte de la muestra. Entre 2015 y 2025 aumentó más rápido la proporción de jóvenes elegibles para presentar PISA que la población total de esa edad. En otras palabras, México incorporó a más adolescentes de sectores antes marginados de la escuela. Esa inclusión puede presionar a la baja el promedio, pero no elimina el desafío: el sistema debe conseguir que la ampliación de cobertura vaya acompañada de aprendizajes.

El resultado tampoco permite atribuir todo a un solo gobierno, una reforma o un modelo pedagógico. La serie reúne decisiones tomadas durante varias administraciones y muestra una dificultad estructural: sostener políticas de recuperación de aprendizajes durante suficiente tiempo, con formación docente, materiales, tutorías y seguimiento de resultados.

Brechas de género: leer mejor no significa resolver la desigualdad

Los datos de PISA 2025 muestran en México una diferencia de género con dos caras. Las mujeres obtuvieron 414 puntos en lectura, frente a 402 de los hombres; en matemáticas, los hombres alcanzaron 396 puntos y las mujeres 380. En ciencias, ellos registraron 420 puntos y ellas 407. Esta combinación coincide con un patrón internacional: las mujeres suelen tener ventaja en lectura y los hombres en matemáticas, aunque la magnitud de las brechas cambia entre países.

Para México, la diferencia no debe interpretarse como una capacidad natural de un sexo sobre otro. Es una señal para revisar expectativas, orientación vocacional, prácticas de aula y oportunidades de participación. Una brecha matemática de 16 puntos puede influir en quiénes consideran viable estudiar ingeniería, programación, análisis de datos o carreras técnicas. A su vez, una brecha lectora de 12 puntos puede afectar la comprensión de instrucciones, contratos, manuales y contenidos especializados en la educación media y el trabajo.

El origen socioeconómico sigue pesando

La OCDE reportó que 30% de los estudiantes mexicanos se ubicó en el cuartil internacional más desfavorecido del índice económico, social y cultural. En ciencias, los estudiantes del 25% con mayores ventajas socioeconómicas superaron por 68 puntos a los del 25% más desfavorecido. La diferencia es menor que el promedio de 85 puntos de la OCDE, pero sigue siendo suficientemente amplia para condicionar las trayectorias educativas.

El estatus socioeconómico explicó 12% de la variación en el desempeño científico en México, la misma proporción que el promedio de la OCDE. El dato muestra que la escuela no opera aislada de las condiciones familiares: acceso a libros, conectividad, alimentación, tiempo para estudiar, estabilidad y apoyo adulto pueden modificar las oportunidades de aprendizaje.

También hay señales de resiliencia. 12% de los estudiantes desfavorecidos en México alcanzó el cuartil superior de desempeño científico dentro del país. Esos casos prueban que el origen no determina por completo los resultados, pero no deben usarse para presentar la excepción como solución. La política pública debe convertir esas experiencias aisladas en posibilidades frecuentes.

La conexión con la educación media y el empleo

El reto aparece justo en una etapa decisiva. A los 15 años, muchos estudiantes están por ingresar, permanecer o abandonar la educación media superior. Quienes llegan sin comprender textos de dificultad moderada o sin resolver problemas matemáticos sencillos enfrentan mayores obstáculos para cursar bachillerato, capacitarse en un oficio o incorporarse a empleos que exigen interpretar datos y utilizar herramientas digitales.

La edición 2025 también incluyó resolución de problemas computacionales. México obtuvo 453 puntos, por debajo de los 500 de la OCDE. Además, 47% de los estudiantes reportó usar chatbots de inteligencia artificial para aprender al menos una vez por semana. Esto plantea una paradoja: los jóvenes ya utilizan herramientas digitales, pero el sistema debe fortalecer las capacidades que permiten verificar una respuesta, detectar un error, formular una pregunta útil y explicar un procedimiento.

La tecnología no sustituye la recuperación de las bases. Sin lectura comprensiva, razonamiento matemático y pensamiento científico, el acceso a inteligencia artificial puede ampliar la dependencia de respuestas automáticas en lugar de impulsar aprendizajes. Para la educación técnica y la formación laboral, la prioridad debería ser combinar alfabetización digital con habilidades fundamentales y proyectos prácticos vinculados con problemas reales.

Qué debería medir la política educativa

Los resultados sugieren una agenda menos centrada en la posición internacional y más enfocada en indicadores de progreso. México necesita identificar qué aprendizajes se pierden en primaria y secundaria, ofrecer apoyos diferenciados para estudiantes con rezago y dar seguimiento a la transición hacia la educación media superior.

  • Recuperar lectura, escritura y matemáticas con diagnósticos periódicos, no sólo al final de cada ciclo.
  • Apoyar a docentes con formación práctica, materiales y tiempo para atender grupos con niveles muy distintos.
  • Reducir las brechas entre escuelas mediante tutorías, conectividad, infraestructura y acompañamiento a estudiantes en riesgo de abandono.
  • Vincular la educación media con la formación técnica sin convertir la escuela en una capacitación estrecha para el mercado.
  • Usar herramientas de inteligencia artificial con reglas claras, énfasis en verificación de fuentes y protección de la autonomía intelectual.

La innovación también depende de esta base. Un país puede atraer inversión y crear programas de tecnología, pero tendrá dificultades para ampliar su capacidad científica y productiva si una mayoría de sus jóvenes no domina las competencias necesarias para aprender contenidos avanzados. PISA 2025 no determina el futuro de México, pero sí advierte que la política educativa debe dejar de confundir más años de escolaridad con mejores aprendizajes.

Fuentes consultadas

Por Editor

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